
Mi nombre es “La Campechana”, me nombran así por que fue en Campeche donde me encontraron. Debo decir que mi vida había sido muy feliz hasta que tuve el accidente.
Un día iba nadando muy contenta por aguas cercanas a las playas de Campeche, de repente un gran barco pasó y me golpeó. Lo único que recuerdo de ese momento es me empecé a ver todo oscuro, y no pude mantener mis aletas moviéndose para nadar.
Cuando recobré el conocimiento me encontraba en la cajuela de una camioneta que iba a toda velocidad por una carretera muy larga. Cuando la camioneta se detuvo estábamos rodeados de muchas plantas y árboles, entendí que estaba en medio de la selva.
Yo intentaba ver todo, pero no veía nada con mi ojo izquierdo, me dolía mucho. Una mujer vestida de blanco se me acercó, me miro y tocó mi cabeza y mi ojo, yo solo sentía frío y ganas de dormir.
Después me llevaron dentro de las instalaciones del acuario de Xcaret, un parque muy grande que está en medio de la selva. Me pusieron dentro de un lugar lleno de agua de mar.
Todos los días la misma mujer que me recibió iba a cuidarme y a curarme mis heridas, algunas veces venia sola y otras acompañada por gente muy buena que me daba cuidados y cariño. Después de 45 días de estar ahí, mi ojo izquierdo volvió a ver, y mi cabeza ya no me dolía.
Fue entonces que me llevaron a una hermosa laguna donde viven otras tortugas, fue muy divertido conocerlas y hacer nuevas amigas. Día a día me sentía más fuerte, mis aletas volvieron a tener su fuerza y podía nadar como antes. Pero no había día que no recordara lo feliz que era viviendo en el mar azul.
Después de varios meses, la misma mujer que estuvo cerca durante mi estancia en Xcaret llegó acompañada de varios hombres y me subieron a una pequeña lancha. Ya que estábamos en mar abierto, los hombres me cargaron y me devolvieron al mar azul. Ese día me sentí feliz de volver a mi hogar. Siempre estaré agradecida por el amor y los cuidados que recibí, por los cuales pude sobrevivir y volver al mar.
Un día iba nadando muy contenta por aguas cercanas a las playas de Campeche, de repente un gran barco pasó y me golpeó. Lo único que recuerdo de ese momento es me empecé a ver todo oscuro, y no pude mantener mis aletas moviéndose para nadar.
Cuando recobré el conocimiento me encontraba en la cajuela de una camioneta que iba a toda velocidad por una carretera muy larga. Cuando la camioneta se detuvo estábamos rodeados de muchas plantas y árboles, entendí que estaba en medio de la selva.
Yo intentaba ver todo, pero no veía nada con mi ojo izquierdo, me dolía mucho. Una mujer vestida de blanco se me acercó, me miro y tocó mi cabeza y mi ojo, yo solo sentía frío y ganas de dormir.
Después me llevaron dentro de las instalaciones del acuario de Xcaret, un parque muy grande que está en medio de la selva. Me pusieron dentro de un lugar lleno de agua de mar.
Todos los días la misma mujer que me recibió iba a cuidarme y a curarme mis heridas, algunas veces venia sola y otras acompañada por gente muy buena que me daba cuidados y cariño. Después de 45 días de estar ahí, mi ojo izquierdo volvió a ver, y mi cabeza ya no me dolía.
Fue entonces que me llevaron a una hermosa laguna donde viven otras tortugas, fue muy divertido conocerlas y hacer nuevas amigas. Día a día me sentía más fuerte, mis aletas volvieron a tener su fuerza y podía nadar como antes. Pero no había día que no recordara lo feliz que era viviendo en el mar azul.
Después de varios meses, la misma mujer que estuvo cerca durante mi estancia en Xcaret llegó acompañada de varios hombres y me subieron a una pequeña lancha. Ya que estábamos en mar abierto, los hombres me cargaron y me devolvieron al mar azul. Ese día me sentí feliz de volver a mi hogar. Siempre estaré agradecida por el amor y los cuidados que recibí, por los cuales pude sobrevivir y volver al mar.
